Se llama Ana, y Woodabu nació por ella
Mi abuela tiene 97 años y se llama Ana.
Sigue viva, sigue lúcida, y sigue diciéndome lo que piensa sin pedir permiso. Como hizo siempre.
Te cuento esto porque entre 2017 y 2019, cuando la marca todavía no tenía nombre, yo estaba solo en un taller de Béjar haciendo mis primeras piezas. Casi nadie entendía lo que estaba intentando hacer.
Ella sí.
Justo lo contrario de lo que la gente espera de una abuela. Era la persona más crítica que tenía cerca.
Le subía una mesa a su cocina para enseñársela y me decía que los colores no terminaban de combinar, o que la madera todavía no estaba lo bastante suave al tacto. Insistía mucho en eso: el tacto tenía que ser natural, pero pulido hasta el final. Como una piedra de río.
Y yo me iba al taller a rehacerlo.
Yo no buscaba que me animaran. Buscaba a alguien que viera lo que yo no veía.
Hoy, casi diez años después, esas dos obsesiones suyas, la combinación de tonos de la madera y el tacto final de cada pieza, son de las cosas que más cuidamos en el taller. Por encima del precio. Por encima del plazo. Por encima de casi todo.
Por eso, cuando llegó el momento de ponerle nombre a esto, lo tuve claro.
Wood en inglés es madera.
Abu, mi abuela.
Woodabu.
Cada vez que ves la marca en un cabecero o en una mesa, ahí está su criterio.
Ana ya no sube al taller (en 2019 nos mudamos a Madrid), pero seguimos hablando. Y siempre siempre le mando foto de los nuevos diseños. Pero ahora no critica, me pregunta si estoy comiendo bien.
Si lee este correo, espero que le guste.
Un abrazo,
Kiko
